25 julio 2014

Amor tardio




Duérmete, corazón, que no es prudente
despierto a esta hora estar, que no es la tuya.
Duérmete, que parece que no intuyas
que llamando el ocaso está a tu puerta.

Vigílala, que no se quede abierta,
que de tu cielo se alejó la aurora,
y es ocaso el que llega, aunque atrayente
te parezca su luz deslumbradora.

Doblando estás la esquina que te aleja 
de ese sentir que en retener te afanas,
y no aciertas a ver que así te engañas,
que ya no puede florecer tu huerta.
que seca yá, tu alberca,
la sed no apagarás de quien espera
abrasandose en fuertes ilusiones...

Cúbrete, corazón, con los crespones
que envuelven del amor las cosas muertas.


María Ángeles Morera Serrano

30 marzo 2014

A mi amiga Conchita


Hablar de aquella paz. Hablar de un tiempo
de sueños de niñez y de ilusiones...
Hablar de cuando nuestros corazones
juntos vivían la emoción de un cuento.

Crecimos al amparo de unos días
donde el valor de la amistad pesaba
y la palabra LEALTAD tenía
cotas de solidez que la marcaba.

Supimos compartir los sentimientos,
saborear primeras sensaciones.
Arrobarnos en místicos momentos
descubriendo la dicha de ser jóvenes.

El tiempo transcurrió, y en nuestras vidas,
se han escrito mil páginas colmadas,
pero el dulce recuerdo de esos días,
en el fondo del alma están guardadas.

Hay algo en la amistad, amiga mía,
que el tiempo y la distancia no lo agosta...
Hagamos del recuerdo una armonía,
y cubrámoslo de pétalos de rosas.

María Ángeles Morera Serrano


21 febrero 2014

A mi nieta Natalia

Eres ya una mujer. Ayer cumpliste veintiún años...

Te recuerdo tanto de pequeñita, cuando pasabas con nosotros, tus abuelos, largas temporadas, porque tus padres trabajaban y tú aún no ibas a la guardería. Tenías un año, poco más o menos, cuando un verano, después de las vacaciones, los papás tuvieron que irse a Las Palmas de Gran Canaria, donde vivíais, para incorporarse al trabajo, y tú te quedaste con nosotros mes y medio. ¡Que recuerdos!

Ahora nos separa la distancia y tus estudios, pero en mi corazón están latentes ratos de amor que nos diste.



NATALIA

Entorna, vida mía, tus ojos bellos
porque quieren mis labios posarse en ellos.

Duerme mi niña,
remóntate en mis sueños
cual golondrina.

Y cuando nuevamente abras tus ojos,
se llenará mi día
de luz y gozo.

Tu abuela María Ángeles Morera Serrano 

06 enero 2014

Navidad

   


Navidad, palabra que procede del latín (Nativitas, atem) y que significa nacimiento, pero no un nacimiento normal, sino el de un ser muy singular de gran trascendencia en la historia universal e imprescindible para todos los cristianos.

Esta fiesta que celebra la Iglesia Católica y todas las Iglesias cristianas desde tiempo inmemorial, gracias al desmesurado afán del género humano de sacar tajada de todo cuanto suponga ganar dinero, ha convertido el acontecimiento en casi una patochada, y es de todo menos lo que debiera ser, exceptuando dentro de los hogares cristianos y en los templos.


Yo, desde mi humilde condición de creyente, quiero reivindicar la trascendencia que tiene el hecho, especialmente para el espíritu.






FLASH NAVIDEÑO  

La amarilla sonrisa de la aurora bañó la tierra
se escuchaba un llanto.
Lanzó un suspiro el monte y fue una hora
que envolvió el mundo de un extraño encanto.

El espeso silencio se distiende.
A mirtos y a retama huele el aire.
Con temblores de espacios descubiertos 
palpitaban los pechos de una madre
y unos ojos cubiertos de ternura
besaban sin tocarle.

"En un momento todo fue cumplido..."
Tanto tiempo de espera delirante
encerrada en un mundo de misterios,
de palabras eternas, de mensajes...

¿Cómo ha de ser?- Y había sucedido:
El Niño estaba allí. Era su carne.
El lugar está húmedo. Hace frío.
Todo se ha detenido en un instante.

Está temblando la pequeña vida
y tiembla la doncella al contemplarle
e inclina la cabeza y, dulcemente
cubre con su cabello al tierno infante.

Todo es misterio allí, pobre y patético.
Una vara pujante del tronco de Jessé ha florecido
y el mundo se estremece al contemplarle.

La niña mira al hombre,
le sonríe.
Sus ojos van errantes,
del pequeño que duerme, hacia la inmensa
profundidad del cielo, interrogantes.


María Ángeles Morera Serrano

04 diciembre 2013

El Maqui


           
       
Las nubes cubrieron todo el día el cielo envolviendo de niebla y grises el paisaje.

Habíamos formado un círculo alrededor de una hoguera,  no tanto para caldear el ambiente algo húmedo,  y fresco, como para ahuyentar los mosquitos de su pertinaz y fastidiosa insistencia.

Las mujeres de la casa, mi madre, mi abuela, mi tía Pepita, la chica que faenaba en la casa y yo misma, manteníamos sobre el halda, un gran puñado de almendras a las que íbamos despojando de sus grises vestiduras, envoltura blanda y fácilmente extraíble que cubre la corteza dura de las almendras y que luego se utiliza para avivar el fuego de la chimenea.

Comenzó a lloviznar y nos apresuramos a entrar en la casa. El carburero iluminó toda la estancia y mi padre atrancó bien el portón con una gran barra de hierro.

La hora de la cena se acercaba y se avió todo para comenzar.

De pronto alguien hizo un gesto con el dedo índice sobre los labios para indicar silencio. Todos callamos y percibimos el sigiloso sonido de unas pisadas sobre las hojas secas y las cortezas de almendras que habíamos esparcido por el suelo en el porche de la casa.

Mi padre se levantó con rostro serio y preocupado, y exclamó:

-¡Quién va!

Silencio fuera y dentro de la casa.

El temor, no tanto a los ladrones, sino a los “maquis” que merodeaban por aquellas montañas desde el término de la guerra, hambrientos, se reflejaba en nuestras caras.

-¡Diga quién va o disparo!

Mi padre, que no llevaba arma alguna en las manos, sino un garrote de pastor lleno de barro en la contera, dijo esto con gran seguridad en la voz y la contundencia y firmeza de la amenaza debió hacer mella en el ánimo del intruso, que retrocedió sobre sus pasos y se alejó de allí sin decir ni pío.

Aquel episodio, fue motivo de largas conversaciones al calor de la lumbre durante el tiempo que duró la recolección y ha quedado en mi memoria infantil como un hecho emocionante.

El pobre hombre, aterido de frio y hambre, debió llevarse un susto mayúsculo, sin saber que al otro lado de la puerta estaban otro hombre y su familia con más miedo que él.



María Ángeles Morera Serrano

Anoche te soñé




Anoche te soñé. Era tan real el sueño, tan vívido, que temía que se desvaneciese. Te abrazaba desesperadamente pretendiendo que no te volvieses a alejar, que todo hubiese sido una pesadilla. Te besaba, te besaba y tú no decías nada... Permanecí así un buen rato pero, como un manotazo helado, la verdad se impuso. Abrí los ojos y la realidad se abrió paso, la soledad inundaba la habitación...


ESPERANZA

Tú que miras la vida sin aliento
tú que piensas que nada esperas ya
porque en ti hay algo que quedóse yerto
y sola tu alma está.

Escarba en tus recuerdos,
busca en ellos algo por qué bregar,
mientras aliente en ti un soplo de vida
la debes de gozar.

Que tu playa no inunde el desaliento,
no pienses que tu barca ya encalló,
que paróse la rosa de los vientos,
que todo terminó.


Mientras puedas forjar una sonrisa
que engendre una ilusión,
mientras puedas gozar de cualquier cosa 
de las que Dios creó,
y aspires el perfume de una rosa,
y puedas entonar una canción
y acaricies a un niño, y a un anciano
puedas darle calor...


Mientras creas en Dios y en Él confíes 
y sepas esperar,
tendrás horas de paz en tu camino,
sabrás por qué luchar.


                                        María Ángeles Morera Serrano