20 julio 2023
SALVE
dulce amor de mis amores,
calmante de mis dolores
y faro y luz de mi vida.
Tu que a mi duro camino
vas quitando las espinas
y siembras de rosas finas
para aliviar mi destino.
Cúbrenos bajo tu manto,
y escucha amorosa el canto
que te eleva nuestra voz.
Y cuando llegue la hora
sed vos nuestra valedora
ante los ojos de Dios.
TARDES DE OTOÑO
con cálido sonido intermitente,
y apoyo lentamente en la ventana
mi pensativa y ardorosa frente.
La tierra expele fuerte olor a ozono
que por viejas rendijas se ha metido
desprende el abedul un dulce aroma
que el vuelo de sus hojas ha vertido.
Siempre viví en una eterna nube
de sueños imposibles que adoraba
y se rompió el cristal donde escondía
todas las ilusiones que albergaba
todo el amor que en mi pecho cabía.
08 marzo 2023
POR LA VEREDA VENÍA
Por la vereda venía
Venía por la vereda...
Iba cantando canciones
de tan profunda pasión
conmoviendo el corazón
de todo aquel que la oía
Por la vereda venía...
Nadie sabe sin embargo
la hondura de su dolor,
alguien dijo: “No la quiere
el mozo que la rondaba
pero la gente sabia
que ella estaba enamorada,
porque sus ojos decían
lo que sus labios callaban.
Por la vereda venía...
Nunca se supo el porqué
se rompió ese amor tan grade
07 marzo 2023
Con el cántaro a la fuente.
La moza que por la tarde
lleva el cántaro a la fuente,
está pidiendo bajito
que no la critique nadie
que no murmure la gente.
Pues no tiene otro momento
del día para aliviar,
al que se encuentra sediento
Y agua no puede encontrar.
17 diciembre 2020
¡Oh Dios!
¡Oh Dios!
Oh Dios, que en tu grandeza has descendido
Y a una niña-mujer has impregnado.
Con tu inmenso poder la has preservado
Y su virginidad has mantenido.
“Fiat Me” y el Cielo se enternece.
“Secundum Verbum Tuum”: Él sí es sincero.
Y al misterio se abren los senderos,
Y el Universo entero se estremece.
Dichosa tú, María, que así plena
De un misterio de Amor no comprendido,
Acatando obediente, has admitido
La Voluntad De Dios estando de Él llena.
No te importó la incomprensión: Querías
Tan solo ser de tu Señor la esclava
Llevando un gran Amor en la mirada
Y el “sí” que diste a Dios con Alegría.
María Ángeles Morera.
Navidad 2020.
02 mayo 2020
RECUERDOS DE MI JUVENTUD
Ous así, ous allá
bastonaes al Plebá
Ous a la "pallisa"
"bastonaes" a la tia Perevisa
ous al ponedor, "bastonaes" al retor...
Y pasaba el primer día de la Semana Santa mientras que al calorcito del sol del patio se amasaban las "monas" para el día de Pascua. Éstas, el Panquemado, que era el nombre real y mas elegante de la "mona", tenía su ritual. Los ingredientes eran sencillos dentro de una normativa: aceite, agua y la levadura correspondiente en las medidas correctas, dos docenas de huevos y naturalmente, harina. Amasarlas durante bastante tiempo, darles la forma adecuada y ponerlas sobre una tabla de madera y cubrirlas con una tela gruesa rayada de varios colores, muy típica para esos menesteres, los panquemados, y así pasaban toda la noche hasta al día siguiente que se llevaban al horno. No he podido saber nunca por qué se cuidaban como a un bebé, ni por qué mi mamá las vigilaba toda la noche.
Al siguiente día, Jueves Santo. En aquellos años la Iglesia Católica celebraba con más solemnidad el jueves que el viernes Santo, no sé
cuál fué el motivo del cambio. Desde pequeña he oído esta cuarteta que no querría que cayese en el olvido.
Tres días hay en el año
que relucen más que el sol.
Jueves Santo, Corpus Cristi
y el día de la Ascensión.
Así que llegamos al Jueves Santo.
El día era especial porque se hacía un Auto Sacramental que consistía en el lavatorio de los pies recordando el gesto que Jesús tuvo con los doce para indicarles que debían servir y no ser servidos. Luego venía la visita a los Monumentos que en todas las Iglesias se levantaban, a cada cual más bonito y majestuoso, cubierto de flores el Sagrario en el que se guardaba el Sacramento hasta el domingo de Resurrección.
La visita a los Monumentos era un acto más que religioso, social, y yo diría que totalmente laico. Las señoras sacaban de sus cajas las mantillas, las aireaban por posible olor a naftalina, y las dejaban a punto para emperifollarse por la tarde para visitar los monumentos. En el atrio del templo se ponían mesas petitorias para sufragar el
gasto ocasionado por las abundantes flores y era el peor momento que pasaba la mucha gente cuyos bolsillos estaban paupérrimos después de la guerra fratricida que se había vivido unos pocos años antes. Si se podía pasar haciendo un rodeo, se evitaba tener que rascarse el bolsillo. Luego a cenar; una cena frugal, que el Viernes Santo era día de abstinencia y también de mucho movimiento y el acostarse pronto entraba dentro de lo habitual, por el cansancio que llevábamos encima después del recorrido a todas las Iglesias.
Viernes Santo.
Día de silencios, de música sacra en las emisoras de las radios, solo música sacra, ni un espectaculo, ni bares abiertos y las jovencitas nos cuidábamos muy mucho de cantar, con espontaneidad, canciones modernas, porque sin tenerlo prohibido, guardabamos el respeto debido al día de la muerte del Señor. A la hora tercia, (osea, a las tres de la tarde) todas las mujeres con sus "catrets" y los hombres con sus mejores galas, inmediatamente después de comer, se iban a escuchar el sermón de las siete palabras, o "devallament de la creu", como la tradición lo llamaba. Luego en el Púlpito, no como ahora en el Abón, con un micrófono. El predicador, que solía ser un sacerdote de renombre, con verbo fácil y culto, desarrollaba toda la Pasión con voz atronadora. Había un Cristo en la Iglesia mayor, muy antiguo, que por un mecanismo original se le podían bajar los brazos hasta las rodillas y en el momento en del culmen del ardor, decía en su Homilía el predicador: Quitadle esos clavos, bajadlo de la cruz y ponedlo en brazos de su madre. Ese era el instante en que el sacristán sabia que tenía que sacar una larga escalera y un martillo y comenzaba lo que todos estaban esperado del Auto Sacramental, " El devallament de la creu". El corazón te golpeaba a ritmo del sonido del martillo sacando los clavos de las manos martirizadas y ensangrentadas del crucificado. "¡Pom, pom,pom....!". Luego, poniéndole un lienzo debajo de los brazos, descolgaban a Jesús y bajandolo, lo ponían en brazos de su Madre. A cada golpe, varias lágrima salían de nuestros ojos, imaginando la escena verdadera de la Pasión.
Terminado el oficio del viernes con el sermón de las siete palabras, la gente se apresuraba a regresar a sus casas porque a las diez salían las imágenes de cada Parroquia y se tenía que cenar todavía. La cena era ligera y los pies también, para encontrar el sitio adecuado donde poder ver perfectamente el entierro. Primero iba la guardia pretoriana que custodiaban al crucificado, luego la Dolorosa acompañando al Hijo, rodeada de los encapuchados con túnicas y capuchones negros que acompañan siempre a la imagen y como cosa curiosísima, detrás de la urna que contenía el cuerpo inánime de Jesús, marchaba un grupo que, de tiempo inmemorial, iba siempre en esta procesión, llamados Els caps de ferro. Creo que representaba alguna centuria romana, pero la vestimenta era de lo más estrafalario que se ha visto nunca. El calzón y el jubón (porque todavía existen estos soldados) se asemejan a la guardia suiza Vaticana, con esos colores tan llamativos, pero la cabeza iba cubierta con un casco medieval con celada y todo, como los caballeros de la tabla redonda, los del Rey Arturo, de ahí el nombre Caps de ferro (Cabezas de hierro). Es una nota colorista dentro de la sobriedad de la procesión llamada del entierro.
Pienso y espero que aunque han pasado los años que añoro tanto, no haya cambiado nada de lo que viví con tanta ilusión en mi adolescencia.
17 febrero 2020
UN VERANO MUY ESPECIAL (EL PRIMER AMOR)
La familia había "desembarcado" en el pueblo de mis abuelos paternos, como hacíamos todos los años llegado el verano, y yo, hasta ese año que cumplí diecisiete, no conocía a nadie, solamente a una amiga de la infancia que fue la que me presentó al grupo de chicos y chicas que llamábamos "Pandilla", todos ellos simpáticos y alegres, que me acogieron con mucha camaradería y afecto.
La tarde estrenaba una brisa suave que en toda la semana no se había dejado sentir, no obstante el calor agobiaba y mi cara estaba rosada como una manzana. Ya estábamos todos reunidos en un "chiringuito" cuando llegó Gonzalo con su moto: ¡fin de mi tranquilidad!, comienzo de mi desasosiego. Ilusión, palpitaciones...