03 noviembre 2013

Amigas




La amistad es un sentimiento especial, algo que no te viene dado, que te lo tienes que trabajar. Es la forma de comportarte con tus semejantes, lo que hará que trabes amistades y que las conserves, o que en tu vida te veas más solo que el ciprés de Silos. Mas cuánta paciencia has de acumular y retener para esa "conservación".

Ella era una persona sencilla, normal, de gustos también normales, sin hábitos ni vicios sobresalientes que llamasen la atención de nadie. Solo reseñar una  pequeña y algo costosa costumbre o defecto, aunque bastante habitual en la gente, pero que no acarreaba preocupantes consecuencias: su excesiva adicción a comprarse atuendos y vestimentas. Su lema era: "por el cambio".

Quizá todo le viniese dado por  reminiscencias en el recuerdo, producto de la posguerra, cuando tenía que heredar los zapatos de su hermano mayor, o vestidos remodelados por una experta costurera, heredados también, de su mamá. Esto tal vez la marcó, de ahí el deseo de poseer más ropa de la que pudiese necesitar, por el placer de tenerla.

Visitaba con cierta frecuencia el Delchi del barrio y con más moderación la boutique más cercana que importaba artículos de gran categoría para ocasiones especiales. Las incursiones a Delchi las efectuaba sin que saliese de sus labios ni un solo comentario que llegase a oídos de sus amigas, porque ¡horror! nadie debía enterarse de que aquel vestidito mono o aquel sueter que le estaba muy bien, procedía de donde procedía.

- ¡Qué bien te sienta!¿Donde lo adquiriste?

Lógicamente mentía:

- No recuerdo exactamente el nombre de la boutique. Indudablemente era por el centro.

Tenía la seguridad de no ser descubierta ya que sus amigas nunca pisaban esos comercios, ¡faltaría más!
Y es que todas, diametralmente opuestas a ella en muchas cosas (pero especialmente en lo tocante al vestir) gustaban de recabar marcas en sus compras y alardear un poco de ellas.

El sentir un cierto desazón, al estar presente en conversaciones en donde se presume de elegancia y buen gusto, cuando una no llega más allá de un "Tuchi" en sus compras, proclama la inseguridad en uno mismo, y hay que desechar ese sentimiento, porque cada uno debe estar feliz de ser como es. Podemos perdonar ese complejo, si descubrimos en ella,  el recuerdo de los zapatos heredados y el vestido de mamá.

¡La amistad! Sentimiento que ennoblece al ser humano y es digna de conservar aunque requiera de un  previo estudio, sobre todo, si se trata de la amistad entre mujeres.

Hay en este colectivo varios componentes contradictorios. Existe la devoción de las unas hacia las otras, el cariño indestructible, la defensa a ultranza, y el ataque solapado, ¿se puede dar mayor incoherencia? Se puede dar. Es paradójico, pero existe la alabanza y la crítica a la vez.

Ella sintió en sus carnes esta contraposición. Vulneraban su personalidad cuando recibía, del amado grupo de amigas, "moderadas" críticas, pero críticas al fin y al cabo.

- Ponte pendientes. Las orejas a ciertas edades, se descuelgan, y hace muy feo no llevar, y poco elegante.
- Mira, esto que tiene tanto brillo es lo que te gusta tanto comprarte ¿no?
- ¿Por qué no te pones esas otras sillas en el vestíbulo...?
- Esos marcos de fotos estarían mejor en ese otro velador...

Y así, algunas que otras opiniones no requeridas por nuestra protagonista.

Ella lo aceptaba todo sonriendo por mor de la amistad. No quería polémicas ni enfrentamientos que no conducían a buen puerto. Por contra, se sentía querida y admirada en otros aspectos. Esta es la paradoja a la que me refería.

Así es que llegó a la conclusión, de que la amistad puede ser cruel en ocasiones, pero tiene sus recompensas y que la contrarréplica es peligrosa ya que puede terminar con "la recóndita armonía". Es aconsejable esperar a que llegue la hora de resarcirse con una dulce revancha.

Y ahora es feliz, porque ha decidido ser ella misma y hacer de su capa un sayo sin molestarse por lo que digan.

María Ángeles Morera Serrano

Sonreir a la vida




Despertar por la mañana y recibir al nuevo día dando gracias, cada uno a quien más le inspire, yo doy gracias a Dios, es un ejercicio que todos deberiamos cumplimentar día a día. El segundo paso sería proponerse ser feliz y hacer felices a tus semejantes. Este sería un saludable organigrama que todos deberiamos planificarnos. Es la fórmula que inspiró al poeta para escribir estos versos.



María Ángeles Morera Serrano



"Sin saber quien recoge, sembrad,
serenos, sin prisas,
las buenas palabras, acciones, sonrisas...
que se lleven la siembra las brisas.

Con un gesto que ahuyenta el temor
abarcad la tierra,
en ella se encierra
la gran esperanza para el sembrador.
¡Abarcad la tierra!

No os importe no ver germinar
el don de alegría;
sin melancolía
dejad al capricho del viento volar
la siembra de un dia.

Las espigas dobles romperán después.
Yo abriré la mano
para echar mi grano
como una armoniosa promesa de mies
en el surco humano".


Sor Cristina de Arteaga

28 octubre 2013

La dulce Laura

(Dedicado a mi nieta en el día de su cumpleaños)


¿Existen los seres de luz?

Yo no podría expresar con palabras  el convencimiento que experimento de la realidad de su presencia junto a nosotros.  Son personas que con su sola existencia iluminan la vida de los mortales y que, a su contacto, lo cotidiano se convierte en fiesta del alma y del espíritu.

Yo tengo un ser de esos cerca de mí.  Está pendiente de mis deseos, de mis preocupaciones, de mis tristezas...

Ésta es mi nieta Laura.

Se desvive para que sea feliz y lo consigue.

Tengo otros dos nietos que son indudablemente la alegría de mi corazón y sé que me quieren, pero la dulzura de Laura sólo de ella emana.

Mi agradecimiento a Dios por estos tres amores.


María Ángeles Morera Serrano

10 octubre 2013

Añoranzas



Quizá fuese por los años setenta... todavía conservábamos la casa de Oliva, la casona que fue de nuestros antepasados y que heredamos generación tras generación disfrutándola todas las vacaciones, aunque ya muy mermada la salud del inmueble por la erosión de los siglos (pertenecía al siglo XVIII).

Cierro los ojos y contemplo su gran fachada, con un enorme portón de diez centímetros de grosor con aldabas de hierro representando manos lánguidas de mujer. Dos balcones de barandillas rectas y una reja, medio metro más abajo, del mismo estilo sobrio, solamente adornada por unos macizos y gruesos rosetones muy propios de la rigidez de la época. Sus paredes deformadas, curvadas por los años, daban fe del tiempo transcurrido.Traspasando las puertas, tropezabas con una inmensa cortina semejante a una vela latina que guardaba la intimidad de la familia. Un espacioso vestíbulo con muebles antiguos y al fondo una gran puerta con cristales que daba salida a un patio interior, con una palmera en el centro, varios plátanos de las indias y en una esquina un pozo coronado por un jazmín azul. También recuerdo el perfume embriagador del galán de noche. ¡Cuántos sueños, cuantas añoranzas encierran esos recuerdos!

Desde niños, todas las vacaciones eran esperadas con verdaderas ansias por mi hermano y por mí, con el afán de disfrutar de la libertad que nos proporcionaba la estancia en el pueblo.

Teníamos una finca llamada "La Pedrera" de seiscientas hanegadas, todo monte, con bancales de algarrobos, olivos y almendros que eran la delicia de juegos inimaginables. nuestras fortalezas fueron los algarrobos. Sus retorcidos y ásperos troncos no impedían la ascensión a sus fuertes ramas que soportaban el peso sin que por ello se resquebrajasen. eran interminables horas de  luchas de castillo a castillo, dejándonos la piel -textualmente- de las rodillas, al bajar por los arrugados y ásperos troncos.

A "La Pedrera" se llegaba por camino pedregoso y polvoriento, a lomos de los caballos del capataz de la cuadrilla de recolectores de algarrobas. nosotros, los niños, íbamos a la grupa del animal y el resto de la familia a pie. solo distaba del pueblo cuatro kilómetros. Más de una vez estuvimos a punto de una desastrosa caída por la falta de costumbre y por el inquieto movimiento de nuestros infantiles cuerpos. el animal se movía con seguridad, apoyando sus fuertes cascos sobre las brillantes y resbaladizas piedras del sendero, sintiéndose responsable de la delicada carga que transportaba.



El perfume de la hierba húmeda por el rocío de la mañana, permanece en mi recuerdo como algo difícil de olvidar.

El tiempo que duraba la recogida de las algarrobas, solía ser sobre quince o veinte días, tiempo que transcurría como el vuelo rápido de un pájaro, privándonos de la libertad incondicional que disfrutábamos allí, devolviéndonos a la realidad de la monotonía de la vida en el pueblo.

No obstante seguían las vacaciones, por lo tanto no terminaba con el regreso a la ciudad, el disfrute de sacar agua del pozo, más los juegos en la "pareteta", las excursiones a la Font de Cayes, las veladas a la puerta de casa, con el silencio, el fresco de la noche y el comadreo de las vecinas, que venían a sentarse con mi familia para retrasar la hora del descanso.

Toda esta evocación, bien merece un poema dedicado a mi casa:

LA  CASA  ANTIGUA

La casa dormida, la casa con duende...
Durante el invierno,
envolventes silencios la cubren,
silencios que hablan a quien los comprende;
y algo misterioso,
siempre en torno a ella,
flota en el ambiente.

¡Que sola se encuentra la casa silente!
Contemplando su puerta cerrada
con ansias de ausentes,
y sus rejas de sobria estructura
que se agarran a aquellas paredes
encaladas, que curvan los años,
tan gastadas y en cambio tan fuertes,
no sé qué me pasa,
que de fantasías no forja mi mente.

Del silencio que envuelve la casa
algo se desprende,
e imagino escuchar de un suspiro,
el eco doliente
y risas y llantos,
y hasta se presiente
el susurro de cándidos besos
puestos en la frente.

Vuelan en la noche,
tiernas, sugerentes,
de un piano las cálidas notas
que, tímidamente,
unas manos de suave blancura
pulsan reverentes.

(La casa dormida, la casa con duende).
Me da pena pensar que la casa
durante el invierno tan sola se siente,
y aguarda callada, cual bella durmiente,
la llegada del rubio verano
que espera impaciente,
y al conjuro de risas de niños,
al fin se despierte.


María Ángeles Morera Serrano

06 octubre 2013

Esta es la historia de alguien que...





Es propio del ser humano desear, en lo más recóndito de su corazón, desempolvar su yo y verter sobre una superficie blanca y lisa, papel o folio, una serie de pensamientos almacenados en ese trastero que es la mente, que se guardan sin orden ni concierto durante un sin fin de tiempo.

Ordenarlos, darles sentido, es una tarea ímproba, la cual debemos acometer alguna vez en la vida, a ser posible antes que lo allí guardado se extravíe para siempre.

Extraeré algo que me resulte grato recordar:

Pensemos en alguien, hombre o mujer, afín a mí, que me provoque sentimientos tiernos, a los que daré nuevamente vida. ¿Cómo darle forma al relato? ¿Por dónde empezar? Iré hilando el recuerdo y lo desempolvaré de  de la mejor manera que pueda.

¡Bucear en el desván!, interesante labor.

En aquel abigarrado lugar, comenzar haciendo lotes de recuerdos sería lo más apropiado, a fin de no dificultar la colocación de los elementos allí recogidos a la hora de poder ir distribuyéndolos debidamente. Miro y observo diversidad de vivencias y distintos estados de ánimo, no aptos para ser unidos por falta de afinidad. La euforia, el entusiasmo, la ingenuidad, junto a la melancolía, la debilidad, la tristeza, entereza y serenidad... Todo lo acumulado a lo largo de una vida. Difícil de catalogar y complejo para extraer fácilmente y formar una estructura comprensible a la hora de su lectura.

Acercarme en la memoria  al apartado de la niñez, infancia y pubertad, es ardua tarea dada la lejanía del tiempo...

Pero atrevámonos a acotar algo de ese espacio. Acerquémonos en el recuerdo a ese amasijo de vivencias acumuladas correspondientes a esos años.

Tiempo de feliz despertar a la conciencia de la propia existencia.

El recuerdo, algo difuso, es entrañable.

Veo amor alrededor. Mucho amor y protección desmedida. Veo paz, armonía, hogar feliz y... PROTECCIÓN DESMEDIDA. Quizá ésta condicione algo el normal desarrollo de una vida, pero no impide que la felicidad impregne a ese ser. Puede que marque un poco su natural modo de formarse, pero no merma su eclosión armónica.

La personalidad de cualquier ser humano tiende a forjarse bien o mal según el clima en el cual se desenvuelva su existencia. Si el ámbito en el que crece es un saludable entorno, esto propicia un también saludable desarrollo, tanto física como intelectual, psíquica y espiritualmente,  formando el todo de una persona.

En ese caldo de cultivo surge una niña tímida, falta de confianza en sí misma. Una especie de "patito feo" que quizá no despierte admiraciones, pero sí una gran ternura, un profundo deseo de protección por parte de quienes la rodean, su familia.

Es delicada de salud, endeble en su crecimiento, propensa a todas las enfermedades infantiles, pero pasa triunfante sobre ellas, y el "patito feo" se transforma en una linda adolescente, sin darse apenas cuenta. Sigue desconfiando de sí misma y no ve, cuando se contempla en el espejo, lo que van descubriendo los demás. Sólo se da cuenta cuando observa los ojos de los jóvenes puestos en ella con admiración. ¡Señor, si solamente tiene trece años!

Son los albores del despertar a la vida, cuando el adolescente se ríe de todo, lo que es gracioso y también de lo que carece de gracia, porque sí, porque todo le es grato, porque la vida es bella, y luminosa y alegre y te la comerías a grandes bocanadas. La carcajada brota sin ton ni son, por lo más nimio, por lo más imbécil que te puedas echar a la cara. La pubertad es así de ingenua.

Bonitas estampas extraídas de esa buhardilla. Las más blancas, las más cándidas, hermosas, las que siempre recordarás con gratitud porque te han hecho feliz.

Creció, por fuera y por dentro. Fue formándose una mujer con sólidos valores y amó, amó mucho, porque el amor era una constante en su vida. Amó lo bello que la vida le brindó. Fue esposa y madre y dio siempre gracias al cielo por todo lo bueno y amable que la vida le regaló.


María Ángeles Morera Serrano

18 septiembre 2013

Creer, crecer


"Me has dado el origen...."
"Aquí estoy, para hacer tu voluntad. Señor, lo quiero y llevo tu ley en las entrañas..."

Creer es un acto de la voluntad del individuo. Toda la trayectoria de la vida humana es un aprendizaje. Todo ser humano dotado por su Creador de libre albedrío (potestad de decidir uno mismo lo que quiere hacer de su vida) entraña que las enseñanzas recibidas en el entorno familiar, no determinen su destino. Solo a él le corresponderá el acierto o el equívoco en el que incurra a lo largo de su existencia. No deberá culpar a nadie, ni a sus semejantes ni a Dios, de lo que decida ser o hacer. Ha hecho de esa libertad, gratuitamente donada, lo que voluntariamente ha querido.


Por eso pienso que creer o no creer, la decisión más importante, es un acto de tu voluntad. Hacer crecer la semilla, depositada por el Sumo Hacedor, en toda criatura humana, sin excepción alguna, sin excluir a nadie, dando a todos las mismas oportunidades, nos hace responsables del uso de esa libertad.

Por mi parte, elegí desde lo más profundo de mi yo aceptar todo cuanto Él tuviese pensado para mí a lo largo de mi vida y me he dejado llevar por el torrente de su Amor y nunca me he arrepentido.

Él es como esa roca, que dice el Salmo, que nunca falla. No pretendo que me saque de los atolladeros en que yo me pueda meter, si no que no me abandone para que pueda salir de ellos sin grandes dificultades.

Esta decisión, tomada libremente, permite que crezcas por dentro de manera que ya no eres tú el que conduce tu vida, si no el Espíritu que te lleva asombrosamente, de la mejor manera para tu crecimiento personal.




YO EN TI CREO

Oh Dios de lo absoluto y de lo inmenso
Sumo Hacedor, origen de la vida.
Mira con compasión al que te admira
y se debate sabiéndose indefenso.

Tú eres el Ideal que me subyuga,
búsqueda en la ignorancia que te advierte,
que presintiéndote brega por quererte
rogando en soledad tu eterna ayuda.

En este caminar por la locura
del no saber, te siento muy adentro...
te apoderas de mi en el pensamiento
y dentro de tu Amor estoy segura.

Penetras en el hombre que te intuye
le empapas todo a él, con esa Esencia,
que es como el potencial de tu presencia,
que nada y nadie, nunca lo destruye.

Te siente el hombre en sí, más no lo sabe.
Que no está solo, de eso está consciente.
Y se deja llevar por la corriente
de ese mar que lo envuelve con ternura.

Serás o no serás, más yo te amo.
Y has de existir. Tan fuerte es mi deseo
que escrito está en mi mente: "yo en Ti creo"
y tendida hacia Tí está mi mano.

María Ángeles Morera Serrano